Buenas, esto es BIMPRAXIS, el podcast donde el
BIM se encuentra con la inteligencia artificial.
Exploramos la ciencia, la tecnología y el futuro
desde el enfoque de la arquitectura, ingeniería y
construcción.
¡Empezamos!
Muy buenas, bienvenidas, bienvenidos a un nuevo episodio
de BIMPRAXIS.
Hoy os traemos la revolución de OpenCode y
cómo la inteligencia artificial ha matado la forma
tradicional de programar.
Y bueno, menudo titular traemos hoy, ¿eh?
Porque es que es literal.
Es que es literal, o sea, suena a
algo súper apocalíptico, pero es la realidad.
A ver, la misión de nuestro análisis de
hoy es desgranar qué es exactamente esta herramienta
OpenCode y por qué está cambiando las reglas
del juego.
Claro, es que para quien no esté metido
en este mundillo en el día a día,
igual piensa que es una herramienta de OpenCode.
Un editor de texto más, otra aplicación para
escribir, pero ¿qué va?
Esto va de filosofía.
Exacto.
O sea, nace de la idea de hacer
de libre acceso cosas que antes te costaban,
bueno, una suscripción bastante importante.
Se inspira un poco en aquello que sacó
Antropic el año pasado, ¿no?
Sí, el famoso Cloud Code.
Eso es, el Cloud Code, que te metía
la IA directamente en terminal.
Pues esto coge esa idea y la lleva
a otro nivel.
Totalmente.
Y, a ver, el gancho real de todo
esto, y por lo que creo que a
nuestra audiencia le va a volar la cabeza,
es que OpenCode no es un concepto a
futuro.
Es el presente absoluto de la programación asistida.
Ya, ya.
Y se nota muchísimo, pero muchísimo, que es
una app hecha por gente que curra programando.
O sea, gente que usa esto en su
día a día y que estaba harta de
ciertas fricciones.
Claro, es que no es un experimento de
laboratorio de unos teóricos en Silicon Valley.
Es una herramienta de trinchera total.
Exacto, de trinchera.
Pero claro, para entender de verdad el impacto,
creo que primero hay que entender que el
trabajo de escribir código, o sea, picar código
como lo conocíamos, literalmente ya no existe.
Ha muerto.
Descansa en paz.
Tal cual.
Y la prueba visual, la prueba del algodón,
es la propia interfaz de esta aplicación.
Porque supone un rediseño total del puesto de
trabajo de quien desarrolla.
Es que piénsalo.
Venimos de usar entornos de desarrollo súper pesados.
Buah, sí.
El clásico Visual Studio Code, que es un
mastodonte.
O incluso opciones más modernas como Cursor, que
es tan genial, pero siguen ancladas a ese
paradigma antiguo.
Sí, de tener 80 paneles abiertos.
Eso es.
Y de repente llega OpenCode, que es súper
liviano, y te cambia la anatomía de la
pantalla por completo.
Te dice, oye, lo que antes era importante,
ahora ya no lo es.
A ver, explícanos un poco esa anatomía, porque
es súper curiosa.
Pues mira, a la izquierda de la pantalla,
que es donde el ojo va primero, tienes
el chat.
El chat con la inteligencia artificial.
Exacto.
Y tiene una importancia súper lativa.
Ya no es un asistente secundario que abres
de vez en cuando.
Es donde el desarrollador pasa casi todo su
tiempo.
O sea, hablando con la máquina.
Literalmente.
Conversando.
Y luego, a la derecha, tienes el clásico
explorador de soluciones, el árbol de carpetas de
toda la vida.
Que antes era el centro de todo.
Pues ahora está relegado.
Es totalmente colapsable, casi estorba, pero lo más
fuerte viene en el centro de la pantalla.
A ver.
Donde antes tenías un archivo en blanco para
ponerte a teclear código, ahora hay una pestaña
enorme que se llama review.
¿Revisión?
Madre mía.
O sea, es como si los programadores hubieran
dejado de ser albañiles que ponen ladrillos para
convertirse de repente en inspectores de obra que
solo miran los planos.
Esa analogía es perfecta.
Es exactamente eso.
Es que ya casi nadie abre un archivo
para teclear de cero.
Le piden a la IA que lo haga.
En el chat de la izquierda.
Y el humano solo revisa los cambios, los
DIFs famosos en la pestaña central.
Y comparan en tiempo real con su repositorio
de Git.
Es un trabajo puramente de inspección.
Pero a ver, yo aquí tengo que preguntar
algo.
¿No corremos el riesgo de desconectarnos de la
mecánica de nuestro propio software si ya no
tocamos el código?
Uff, ese es el gran debate ahora mismo.
Es que si yo no pongo los ladrillos,
el día que haya una gotera, no sé
ni de qué material está hecha la pared.
Claro, es el riesgo de la sobreabstracción y
nos lleva directos a lo que yo llamo
la crisis silenciosa del sector.
La deuda de verificación.
¿La deuda de verificación?
Suena a película de miedo para cualquier responsable
técnico.
Y lo es, porque si ahora solo somos
inspectores de obra que revisan código generado por
IA, surge un problema masivo.
Y de hecho, la fuente que estamos analizando
lo expone de forma brillante.
Hablando del caso de testprite.
¿Y los que patrocinaban ese análisis original?
Exacto.
Pues mira el panorama.
El volumen de pull requests, es decir, las
peticiones para integrar código nuevo en un proyecto,
ha subido entre 5 y 10 veces en
el último año.
Ostras, ¿entre 5 y 10 veces es una
barbaridad?
Es una locura.
¿Por qué?
Pues porque los agentes de IA escriben a
una velocidad de vértigo, no se cansan.
Claro, pero el humano que revisa sí se
cansa.
O sea, el esfuerzo de revisión humana no
ha escalado 10 veces.
¿Qué va a escalar?
Tu cerebro da para lo que da.
Entonces, ¿qué pasa en la realidad?
Que la gente mira por encima las diferencias
en la pestaña central, ven que los test
unitarios básicos están en verde y le dan
a aprobar.
Al botón de approve y para adelante.
Y para adelante.
Y luego llegan las reuniones diarias, las stand
ups.
Ya me imagino la escena.
Nadie lo admite.
Nadie dice, oye, ha probado esto sin leerlo
bien.
Todos son sonrisas.
Todos diciendo que son súper productivos.
Exacto.
Pero una semana después, las cosas se rompen
en producción.
Hay bugs por todas partes.
Lógico.
A ver, creo que había una estadística sobre
esto en la fuente que me dejó helado.
Sí, agárrate.
El 96 % de los desarrolladores admite que
no confía del todo en el código que
genera la IA.
El 96%.
Prácticamente todos.
Pero, y aquí viene el drama, el 48
% no lo verifica a fondo antes de
integrarlo.
Madre mía, la mitad de la industria metiendo
código en el que no confía sin revisarlo.
Es una bomba de relojería.
Exacto, totalmente.
Y aquí es donde entra la solución que
propone Test Sprite, que es muy reveladora de
hacia dónde vamos.
A ver, cuenta, porque esto promete.
Test Sprite es un agente que no se
limita a leer el código por encima.
Lo que hace es abrir la aplicación final
y usarla como si fuera un usuario real
de carne y hueso.
Ah, o sea.
O sea, navega por la interfaz y hace
clics.
Eso es.
Crea planes de testeo en paralelo y busca
fallos profundos.
Cosas complejas como ciclos CRUD completos.
Para quien no controle, CRUD es crear, leer,
actualizar y borrar datos, ¿no?
Exactamente.
Se pone a crear usuarios, a borrar ILEAs,
a ver si el sistema se cae.
Es el trabajo que haría un tech lead
súper minucioso.
¿Qué pasaba?
Y además, cada fallo que encuentra lo graba
en vídeo.
Es un paso para que el humano lo
vea.
Vale, vale, suena increíble, pero espera un momento.
Dime.
Yo aquí me pongo en modo escéptico.
Estamos usando una inteligencia artificial, en este caso
Open Code, para que escriba código a la
velocidad de la luz.
Sí.
Y como resulta que los humanos no damos
abasto para revisarlo, metemos a otra inteligencia artificial
que es Test Sprite para que vigile a
la primera.
Así es la industria ahora mismo.
Pero ¿no estamos construyendo un castillo de naipes
gigantesco?
O sea, ¿una máquina vigilando a otra máquina
hasta que todo se caiga por un error
en cadena?
A ver, entiendo el rechazo, suena a distopía,
pero la clave es que el enfoque de
Test Sprite es totalmente distinto.
No valida la sintaxis del código, valida el
uso real.
Ah, claro.
¿Cambia el contexto de la revisión?
Exacto.
Son dos IAs, sí, pero operando en capas
diferentes.
Una construye los cimientos y otra intenta derribar
la casa dando golpes a las paredes.
Vale, visto así tiene más sentido.
Es redundancia.
Eso es.
Pero claro, con este ritmo de trabajo tan
frenético, el desarrollador humano necesita no volverse loco.
Y ahí es donde la anatomía y la
flexibilidad de OpenCode vuelven a brillar.
Es que hay que adaptarse a este nuevo
mundo sí o sí.
Totalmente.
Mira, la navegación en OpenCode es un ejemplo
claro.
Te permite saltar facilísimamente entre proyectos, lo que
llamamos workspaces.
Sí.
Incluso te deja tener diferentes conversaciones y sesiones
de chat abiertas dentro del mismo proyecto.
O sea, puedes estar en un chat pidiéndole
a la IA que te arregle un bug
de base de datos.
Y en otra pestaña le estás pidiendo que
te diseñe un botón nuevo.
Tal cual.
Y la gestión del espacio está muy pensada
para no agobiar.
Todos los paneles son colapsables.
Te puedes quedar con una vista súper limpia.
Como una especie de terminal gigante para concentrarte.
Exactamente.
Pero ojo, que mantienen opciones tradicionales para los
más puristas.
Si pulsas la barra espaciadora, te aparece la
terminal de toda la vida.
Ah, qué bueno.
Sí.
Y tienes tus ajustes de apariencia, tu idioma.
Puedes elegir el tipo de consola, ya sea
Bash o PowerShell.
Que eso siempre se agradece para no perder
las costumbres.
Y luego está el tema de las notificaciones,
que me parece un detallazo.
Puedes configurar a la IA igual que en
cursor.
Le dices, oye, avízame cuando termines de escribir
esta función gigante.
Claro.
Y mientras tanto, te pones a responder correos
o te vas a por un café.
Exactamente.
Exacto.
El humano haciendo de supervisor mientras la máquina
trabaja en segundo plano.
Pero a mí lo que más me impresionó
fue el famoso plan B.
Uy, sí, la versión web.
Esto me pareció magia negra.
Es que es brutal.
Imagínate que la aplicación de escritorio te falla
o simplemente no te gusta tener cosas pesadas
instaladas.
Te vas a la terminal, escribes Open Code
Web y listo.
Así, sin más.
Bueno, te pide una contraseña que configuras tú
antes en las variables del sistema por seguridad.
Pero lo que hace es levantar un servidor
en tu propio ordenador, en el localhost 127
.0 .01.
Vale.
Y de repente abres tu navegador de Internet,
el Chrome o el que sea, y tienes
exactamente la misma interfaz y todas tus conversaciones
ahí.
O sea, es súper portable.
Muchísimo.
Pero claro, luego llegamos al defecto que menciona
el autor del vídeo y es para echarse
a reír.
Ay, sí, lo de la fuente es de
tracar.
Es que a ver, resulta que no puedes
cambiar el tamaño de la letra fácilmente.
Tienes que hacer un zoom general a toda
la pantalla, como si fuera una foto.
Y claro, los paneles se descolocan, sufre un
montón en monitores con distintas resoluciones, una chapuza.
Pero a ver, te lanzo la pregunta.
¿No resulta irónico que una herramienta diseñada para
revolucionar la manera en que visualizamos y revisamos
código falle en algo tan básico como poder
hacer la letra más grande para no dejarse
los ojos en el monitor?
Es la ironía más grande del mundo tecnológico.
Es lo que tiene estar en la punta
de lanza de la innovación.
El famoso Bleeding Edge.
Exacto.
Resuelves problemas de arquitectura neuronal complejísimos, pero te
olvidas de poner un botón para que el
texto sea un poquito más grande.
Es que tiene tela el asunto, ¿eh?
Pero bueno, se lo perdonamos, porque lo verdaderamente
importante es el cerebro que hay detrás, el
menú de la IA que te ofrecen.
Sí, porque al final todo esto funciona con
modelos externos.
Y aquí entra el tema de cómo pagamos
la fiesta.
Claro, OpenCode tiene conexión libre.
Puedes poner la clave de tu proveedor si
ya pagas Copic o GitHub Copilot, lo que
sea.
Vale.
Pero la gracia es que ofrecen sus propios
servicios integrados.
Dos vías muy distintas.
Zen y Go.
Go y Zen.
A ver, cuéntame sobre OpenCode Go.
Pues Go es una suscripción ultra barata, 10
dólares al mes.
Y lo que te da es acceso a
modelos de IA desarrollados en China.
Ah, qué curioso.
Sí, modelos como Kimi, Minimax o el M277.
Que, según cuentan, son buenísimos para tareas del
día a día.
O sea, cosas que no sean excesivamente complejas.
O que se puedan dividir en partes pequeñas,
¿no?
Exacto.
Y tiene unos límites súper generosos.
Te dicen que tienes un límite de 12
dólares de consumo cada cinco horas.
Que eso para gastarlo escribiendo código es casi
imposible.
Humanamente imposible.
Vale, o sea que Go es como ir
a un buffet libre, económico, donde puedes comer
hasta hartarte porque la comida cumple, pero es
básica.
Mientras que Zen es ir a un restaurante
con estrella Michelin a la carta, ¿no?
Totalmente.
Pagas exactamente por cada plato exquisito, pero la
cuenta te puede dar un susto si pides
demasiado caviar.
Esa es la definición perfecta de OpenCode Zen.
Porque ahí no hay suscripción, es pago por
uso.
Pay as you go.
Claro, y ahí entran los modelos pesados.
Ahí te ofrecen los modelos premium de verdad,
como Opus o el modelo 4 .7.
Palabras mayores.
Y la clave de la versión Zen es
que el equipo de OpenCode dice haber optimizado
estos modelos.
Específicamente para funcionar dentro de su aplicación.
Para que el código que escupan sea perfecto
a la primera.
Eso es.
Aseguran mayor calidad, menos fallos.
Pero claro, si usas el modelo Opus para
cada tontería, la factura a final de mes
te puede arruinar.
Literalmente.
Y esto cambia mucho la mentalidad del programador.
Tienes que estar pensando constantemente.
Uso el buffet libre para este problema sencillo
o saco la tarjeta de crédito para este
algoritmo súper complejo.
Es que te conviertes en un gestor de
recursos en tiempo real, además de inspector de
obra.
Es fascinante cómo cambia todo.
Y esto me lleva a una reflexión que
creo que deberíamos hacernos todos los que estamos
en el sector.
A ver, suéltala.
Partiendo del concepto inicial de que ya no
escribimos código, sino que lo revisamos.
Si llegamos al punto en el que una
IA diseña el programa, otra IA escribe el
código y una tercera IA ejecuta los ciclos
de pruebas para encontrar los fallos de la
segunda.
¿Qué significará exactamente la palabra programador dentro de
cinco años?
Uf, qué buena pregunta.
¿Seremos simples filósofos que dan instrucciones a las
máquinas?
Es para pensarlo, desde luego.
Es para pensarlo y para asustarse un poco
también.
Antes de despedirnos hasta el próximo programa, os
informamos de que las voces que oyes han
sido generadas por la IA de Notebook LM
y que dirigiendo el podcast se encuentra Julio
Pablo Vázquez, un humano que te envía saludos.
En caso de error, probablemente se han hecho
errores humanos.
Nos escuchamos.
Y hasta aquí el episodio de hoy.
Muchas gracias por tu atención.
Esto es BIMPRAXIS.
Nos escuchamos en el próximo episodio.