Buenas, esto es BIMPRAXIS, el podcast donde el
BIM se encuentra con la inteligencia artificial.
Exploramos la ciencia, la tecnología y el futuro
desde el enfoque de la arquitectura, ingeniería y
construcción.
¡Empezamos!
Muy buenas, bienvenidas y bienvenidos a un nuevo
episodio de BIMPRAXIS.
Hoy os traemos el fin del monopolio del
diseño con inteligencia artificial.
La revolución de Open Design frente al gigante
Cloud Design.
Y menuda revolución, ¿eh?
Es que el panorama ha cambiado por completo
en cuestión de días.
Totalmente.
A ver, imaginemos por un momento poder alquilar
la mente del jefe de diseño de Apple
para que trabaje sin descanso, diseñando interfaces perfectas
por algo más de un dólar.
Suena a pura ciencia ficción, la verdad.
Ya ves.
Pero la realidad tecnológica de estas últimas semanas
ha superado la de los últimos años.
Y no se ha olvidado cualquier guión previo
que tuviéramos.
Hace nada, la empresa Antropic lanzó Cloud Design
y, literalmente, rompió Internet.
Fue una locura.
De la noche a la mañana había perfiles
generando páginas web enteras, presentaciones corporativas y prototipos
en cuestión de segundos.
Claro, solo tecleando unas frases en un chat.
Parecía que la magia por fin había llegado
al mundo del desarrollo de software.
Pero, y aquí viene el jarro de agua
fría.
Detrás de todo ese humo brillante, había una
trampa bastante cara y muy restrictiva.
Una trampa que ha provocado un éxodo masivo,
de hecho.
Exacto.
Hoy vamos a hacer una inmersión profunda en
las fuentes, repositorios y artículos que tenemos sobre
la mesa para entender cómo una herramienta de
código abierto llamada Open Design ha provocado que
más de 40 .000 desarrolladores abandonen ese sistema
cerrado de cloud.
40 .000, que se dice pronto.
Y lo que es más impactante, permitiendo que
cualquiera pueda ejecutar todo de forma local, gratis
y con el modelo de inteligencia artificial que
prefiera.
Es un giro de los acontecimientos fascinante, la
verdad.
Lo que estamos presenciando va mucho más allá
de, no sé, un simple truquito para ahorrar
dinero en suscripciones mensuales.
El movimiento del código abierto está democratizando la
creación de software a un ritmo de vértigo.
Claro, porque le quita el poder a los
de siempre.
Ahí le has dado.
Básicamente se está arrebatando el control a los
gigantes tecnológicos para devolvérselo a los creadores independientes,
a los estudios pequeños y a las corporaciones
que exigen privacidad total.
Esto reescribe las reglas del juego de arriba
a abajo.
Pero, a ver, para comprender el verdadero alivio
que supone esta nueva herramienta libre, creo que
primero hay que entender el dolor que estaba
causando la herramienta original de Anthropic.
Pongámonos en situación.
Vale, Cloud Design sale al mercado y deslumbra
a todo el mundo.
Es que la capacidad Bisuac para crear prototipos
de la nada dejaba a cualquiera con la
boca abierta.
Pero en los análisis de los desarrolladores, en
seguida empezaron a aflorar las letras pequeñas.
¿Siempre hay letra pequeña con estas cosas?
Siempre.
Primero, es un entorno 100 % en la
nube.
Segundo, existe una atadura obligatoria a los modelos
de la familia Cloud y a las reglas
corporativas que dicte Anthropic.
Que eso ya es un embudo importante.
Y tercero, tiene un coste fijo de 20
dólares mensuales.
Un coste que, para colmo, no te otorga
barra libre de uso.
Ese es el gran fallo estructural que desató
toda esta frustración en la comunidad.
¿Por qué?
Ya, es que las empresas tecnológicas han perfeccionado
el modelo de suscripción, pero aquí aplicaron restricciones
súper severas incluso pagando la cuota.
Sí, te hacen pasar por caja y luego
te limitan.
Vamos a desgranar esto con una analogía, porque
me parece la mejor forma de visualizar el
problema.
Utilizar Cloud Design es como alquilar una cocina
con tres estrellas Michelin.
Vale, me gusta.
¿Por dónde vas?
Entras por la puerta, los electrodomésticos son una
maravilla de última generación, los ingredientes son de
una calidad suprema, inmejorable.
Todo perfecto hasta ahí.
Pero de repente, el dueño del local te
dice que solo tienes permiso para cocinar dos
platos complejos al mes.
Existe un límite invisible.
Lo que llaman el consumo de tokens o
créditos, claro.
Eso es.
Tras hacer un par de correcciones tontas en
un diseño, esos créditos se evaporan.
Y por si fuera poco, no hay forma
de llevarte la comida en un tupper.
Porque Cloud no tiene opciones de exportación reales,
¿verdad?
Exacto.
Nada de llevarlo a un Powerpoint o a
un formato de vídeo.
Tampoco es posible autoalojar la herramienta en un
servidor tuyo.
Y ni se te ocurra meter ingredientes de
la competencia, claro.
Ni pensarlo.
Nada de modelos de Google o de OpenAE.
Y lo más drástico de todo.
El día que dejas de pagar esa cuota
mensual, te retiran hasta los cubiertos.
Los proyectos simplemente desaparecen en el aire.
Vaya tela.
Es la definición técnica y de manual de
un jardín.
Envallado.
Es una estrategia de ecosistema cerrado que las
grandes corporaciones llevan usando desde hace décadas.
Para atraparte, básicamente.
El objetivo de Anthropic, al igual que el
de otras gigantes, es generar una dependencia absoluta.
Quieren que tu flujo de trabajo esté tan
enredado en su infraestructura y en su interfaz
que te resulte técnica y psicológicamente imposible salir
de ahí.
Claro.
Te acomodas y ya no cambias.
Pero para la comunidad de desarrolladores independientes o
las startups que necesitan iterar, hallar y volver
a probar sin descanso, este nivel de restricción
ahoga la innovación por completo.
Es que trabajar con el miedo constante de
agotar el presupuesto o de perder todo el
código si falla un pago genera una fricción
inasumible.
Y esa fricción, precisamente, fue la gasolina para
la rebelión.
Y vaya rebelión.
Los tiempos de respuesta en esta historia son
de locos.
Fijaos en esto.
Apenas 11 días.
11 días.
Después del lanzamiento por parte de Anthropic, Tom
y el equipo de desarrolladores de Nexa publican
Open Design.
¡Qué barbaridad de velocidad!
Detectan el jardín vallado y, en menos de
dos semanas, construyen un puente de código abierto
para que todo el mundo pueda saltar el
muro.
Es que la velocidad de iteración en el
mundo del código abierto actual roza lo increíble.
Y lo hicieron de la manera más abierta
posible, lanzándolo bajo una licencia Apache 2 .0.
Que eso es importantísimo aclararlo.
Sí.
Para quienes no estén familiarizados con el tema
de las licencias de software, esto significa que
cualquiera puede coger el código, modificarlo e incluso
usarlo para fines comerciales sin tener que rendir
cuentas ni pagar regalías a nadie.
Vamos, una donación directa a la comunidad global.
Totalmente.
Y la atracción que tuvo, lo dije todo,
29 .000 estrellas de valoración en GitHub en
un abrir y cerrar de ojos.
Ese volumen indica que dieron justo en la
diana de un problema masivo.
Sin embargo, aquí hay un punto de confusión
muy común que nuestras fuentes aclaran de inmediato.
Al leer OpenDesign, mucha gente asume que se
trata de un nuevo modelo de inteligencia artificial.
En plan, como si fuera un competidor directo
de ChatGPT.
Exacto.
Y no lo es en absoluto.
La premisa clave es que OpenDesign añade una
capa de diseño visual sobre las herramientas que
ya existen en un ordenador.
Según la documentación, detecta automáticamente hasta 15 interfaces
de línea de comandos, las famosas CLI.
Sí, hablamos de agentes como Cloud Code, Codex,
Cursor o Gmail.
¿Qué es una CLI?
Detengámonos un poco en esto, porque me parece
el corazón de la innovación técnica de este
proyecto.
Vale.
Una CLI, o interfaz de línea de comandos,
es básicamente esa pantalla negra con letras donde
los programadores dan órdenes directas a la máquina
mediante texto.
La típica pantalla de hacker de las películas,
para entendernos.
Esa misma.
Lo que hace OpenDesign es actuar como un
intermediario o un director de orquesta.
No reemplaza al modelo de lenguaje.
O sea, no se pone a pensar las
respuestas.
No.
Le dice al agente local, oye, tú encárgate
de...
La lógica pesada de picar el código y
de los cálculos.
Y mientras, OpenDesign intercepta esa información y le
inyecta toda su sabiduría estética.
Toma un motor potente pero feo y le
ensambla una carrocería de lujo en tiempo real.
Esa es la idea, sí.
A ver, aquí tengo que hacer de abogado
del diablo porque me asalta una duda inmensa.
Entiendo la teoría de interceptar los comandos, ¿vale?
Pero si le damos el control del diseño
a un modelo local, que a lo mejor
es bastante básico y está entrenado para resumir
textos o escupir funciones matemáticas...
Sí, un modelo sin nociones artísticas.
Claro.
¿No será el resultado un desastre visual?
O sea, ¿cómo se convierte un modelo de
texto genérico en un diseñador gráfico competente de
un día para otro?
Esa es precisamente la barrera que parecía imposible
de cruzar.
Y donde reside la ingeniería brillante de este
equipo.
La respuesta está en lo que llaman la
receta secreta.
Suena intrigante.
El equipo de Nexa no confía en absoluto
en el buen gusto del modelo de inteligencia
artificial.
Saben que la mayoría de modelos, dejados a
su libre albedrío, crearían interfaces horrorosas y cáuticas.
Auténticos engendros visuales, me imagino.
Exacto.
Así que, para evitarlo, han programado e integrado
directamente en la herramienta 71 sistemas de diseño.
Y ojo, no son sugerencias, son reglas matemáticas.
Reglas estrictas.
Muy estrictas.
Han destilado y asimilado las proporciones tipográficas, los
espaciados exactos, las paletas de color y los
componentes de marcas como Apple, Stripe, Linear, Tesla,
Spotify e incluso Mirror.
O sea, para que nos hagamos una imagen
mental clara.
Es como si el modelo de inteligencia artificial
local fuera un actor novato subido a un
escenario por primera vez.
Tiene mucha energía, pero no sabe ni dónde
pisar.
Me gusta esa imagen.
Y Open Design es un director de Hollywood
de primer nivel hablándole constantemente por un pinganillo.
Diciéndole, párate ahí, sonríe ahora, ponte esta chaqueta.
Esta chaqueta de Apple o esta corbata de
Stripe no le deja improvisar la estética en
ningún momento.
Esa analogía del pinganillo es perfecta.
El modelo propone la estructura, pero Open Design
impone la ejecución visual.
Y además de esos 71 sistemas de marcas,
incluyen 19 habilidades o skills componibles.
¿Y eso qué significa en la práctica?
Significa que si el modelo tiene que crear
un panel de métricas, no tiene que adivinar
cómo hacerlo.
Invoca la habilidad panel de métricas.
Que ya contiene una cuadrícula matemática estricta sobre
dónde deben ir los gráficos y los números.
¡Ostras!
Lo tienen todo atado y bien atado.
Y por si fuera poco, los desarrolladores han
incluido una lista de verificación anti -IA oculta
en las instrucciones base.
Espera, espera.
Una lista anti -IA.
¿Qué hace exactamente eso?
Es un sistema de guardarraíles.
Funciona analizando el diseño final antes de mostrarlo.
Para asegurarse de que no parezca rígido, robótico
o antinatural.
Que suele ser el típico defecto de las
interfaces generadas por máquinas, que se notan raras.
Claro.
Esta lista fuerza asimetrías orgánicas o ajustes de
contrastes útiles para que el ojo humano lo
perciba como un trabajo artesanal hecho por un
diseñador experto.
Y esto funciona sin importar si el modelo
subyacente es un titán de la nube o
un programa modesto corriendo en un portátil antiguo.
Es brillante, de verdad.
Pero, ¿qué pasa si el modelo nunca lanza
la bola fuera de la pista?
Bueno, ahora que entendemos cómo funciona este milagro
técnico entre bambalinas, vamos a ensuciarnos las manos.
Venga, vamos a lo práctico.
Las fuentes detallan casos de uso reales y
cómo arranca todo este ecosistema.
Hablan de que la instalación cubre todos los
perfiles.
Menciona que los puristas pueden usar la terminal
con herramientas como Node .js, Git y PNPM
o aislarlo en un contenedor Docker.
Que dicho así, suena que hace falta un
grado en hija.
Ingeniería para arrancarlo, ¿verdad?
Un poco sí.
Intimida bastante.
Puede parecerlo, pero, a ver.
Un contenedor Docker es básicamente una caja hermética.
Te descargas la caja, la enciendes y todo
el software funciona ahí dentro sin alterar el
resto de tu ordenador.
Garantiza que no haya conflictos.
Vale, eso da tranquilidad.
Pero claro, el equipo de Nexa sabía que
si querían una adopción masiva de verdad, necesitaban
algo mucho más accesible.
Y vaya si lo hicieron.
Hay archivos ejecutables directos para Windows y macOS.
Un doble clic y la interfaz se abre.
Sin complicaciones.
Una interfaz, por cierto, que rompe ese viejo
estigma de que el software de código abierto
tiene que ser gris, feo y complejo.
Es súper amigable.
Y muy personalizable.
Permite cambiar al idioma portugués de Brasil.
Elegir modo oscuro o claro.
Integrar claves API de docenas de servicios como
OpenAI, Anthropic, Gemini, Azure, o incluso Eleven Labs,
para poner el código en la caja.
Y hasta tienen un guiño nostálgico que me
encanta.
Se puede adoptar una mascota virtual, un animalito,
que te acompaña en la interfaz mientras diseñas.
Muy al estilo de los antiguos asistentes de
los 90, o la interfaz de Codex.
Sí, le da un toque muy humano a
todo.
Totalmente.
Pero vayamos a las pruebas de estrés.
El primer caso práctico de nuestras fuentes analiza
eficiencia y coste usando la nube.
El objetivo era crear Focus Flow, una típica
página de aterrizaje o landing page, para captar
clientes de una herramienta de IA.
Para ese experimento, seleccionaron el sistema de diseño
de Apple y lo cruzaron con un modo
de color oscuro llamado Linear Vercel.
¿Y cuánto tardó?
Con unas simples instrucciones sobre qué debía incluir
la web, el resultado estuvo listo en apenas
5 minutos.
5 minutos.
¡Qué locura!
Una interfaz completamente pulida y lista para producción.
Y lo mejor, el coste a través de
la API externa fue de apenas 1 dólar
con 20 centavos.
Si le pasamos ese presupuesto y esos tiempos
a cualquier agencia de desarrollo front -end por
un prototipo funcional, se ríen en nuestra cara.
Nos echan del despacho, directamente.
Ya ves.
Pero aquí es donde la inmersión se pone
realmente intensa.
El segundo caso de uso abandona la nube
por completo y pone a prueba el poder
local con el modelo GLM 5 .1.
Este caso es interesantísimo.
Y el desafío era rediseñar una aplicación web
que busca canales de YouTube.
En lugar de redactar un documento de 50
páginas original, quien operaba la herramienta hizo algo
brutal.
Simplemente pegó la dirección URL de la web
original y dejó que el modelo se apañara.
Y aquí la documentación menciona que el modelo
local ejecutó un comando CURL y usó un
agente navegador.
A ver, traduzcamos esto.
¿Qué está haciendo la máquina exactamente por su
cuenta?
Para que nos entendamos, sin usar mucha jerga
técnica, un comando CURL es como invocar a
un mensajero invisible a la velocidad de la
luz.
Vale.
No tiene la información sobre esa web.
Así que envía a este mensajero a llamar
a la puerta de esa dirección.
Solicita todo el código fuente, los textos, la
estructura, copia los planos exactos del edificio y
se los trae de vuelta al ordenador.
Y todo esto sin que el humano mueva
un dedo.
Exacto.
Sin intervención.
A partir de ahí, un agente de navegación
lee esa información, la comprende y comienza a
aplicar los sistemas de diseño de Open Design
para reconstruirla desde cero.
¿Y el resultado?
En concreto, la máquina generó cinco archivos complejos,
incorporando filtros de búsqueda avanzados e incluso una
página de favoritos.
Y repito, todo ejecutándose localmente, en los chips
del propio ordenador.
Es alucinante.
Pero ojo con esto, porque en los detalles
está la clave.
Nuestras fuentes indican que todo este proceso con
el modelo local GLM 5 .1 tardó 20
minutos en completarse.
Sí, ese es el dato crítico.
Veinte minutos frente a los cinco quedaba conectándose
a la nube.
Sigo viendo ahí una barrera importante.
No todo el mundo tiene la paciencia para
esperar casi media hora para ver un simple
rediseño.
Y es una observación muy certera.
Es lo que en ingeniería llamamos un trade
-off, un compromiso inevitable.
La velocidad de procesamiento de un portátil nunca
va a igualar a una granja de servidores
de miles de millones de dólares.
Claro, es luchar contra los elementos.
Sin embargo, hay que preguntarse qué se obtiene
a cambio de esos 20 minutos de espera,
de irte a tomar un café mientras trabaja.
Privacidad, supongo.
Privacidad hermética y absoluta.
Es la diferencia entre enviar los planos secretos
de un nuevo producto en una postal abierta
a través de correos o guardarlos dentro de
una caja fuerte blindada en el salón de
tu casa.
Qué buen ejemplo.
Ni un solo dato corporativo, ni una sola
línea de código, ni una estrategia de negocio
viaja a los servidores de Antropic o de
OpenAI.
Todo se queda en tu máquina.
Para un banco, una agencia de inteligencia o
un desarrollador con acuerdos de confidencialidad estrictos, esos
20 minutos no son un problema de rendimiento.
Son la garantía absoluta de su seguridad legal.
Exactamente.
Visto así, compensa con creces.
Desde luego.
Y el ecosistema de casos de uso no
deja de ampliarse.
Hay un tercer caso documentado usando códex para
montar la web de una inmobiliaria.
Y en este ejemplo se aborda un problema
crítico.
El síndrome del lienzo en blanco.
Uh, el terror de cualquier creador.
Ya te digo.
A mucha gente de marketing o ventas le
pones un cajón de texto libre para escribir
instrucciones a una IA y no sabe ni
por dónde empezar a pedir un diseño.
Es normal.
No todos son ingenieros de prompts.
Pues OpenDesign soluciona esto con un proceso guiado.
Con las herramientas perfectas, la herramienta te lanza
preguntas clave.
Preguntas como cuáles.
Pues te dice, ¿cuál es el contexto de
esta marca?
¿Qué tono visual queremos transmitir?
¿Se va a optimizar para móviles o para
pantallas grandes de escritorio?
Ah, muy inteligente.
Es como una entrevista inicial con el cliente.
Justo eso.
Y en base a las respuestas, no solo
escupe un diseño estático aburrido, sino que en
este caso generó una interfaz limpia con animaciones
y transiciones súper complejas.
Ese enfoque de entrevista en el diseño es
crucial porque democratiza la herramienta de verdad.
Ya no hace falta saber escribir instrucciones perfectas.
La herramienta extrae tu intención paso a paso.
Te coge de la mano, básicamente.
Exacto.
Y esto nos sitúa de lleno en el
ecosistema competitivo actual, que está hirviendo, ¿eh?
OpenDesign no opera en el vacío.
Existen otras herramientas intentando resolver este mismo problema.
Y la forma en que compiten nos enseña
mucho hacia dónde va la industria.
Totalmente.
Los textos analizan una alternativa emergente llamada Impeccable,
y la comparativa es interesantísima porque atacan el
problema desde ángulos completamente opuestos.
Sí, Impeccable adopta una postura mucho más visual
desde el primer momento.
Te inunda de preguntas iniciales y luego utiliza
modelos de generación de imágenes para crear maquetas
o mockups visuales.
Lo cual es ideal para quien busca exploración
visual pura.
Quien necesita ver varias opciones gráficas, inspirarse un
poco, antes de decidir nada.
Sin embargo, OpenDesign toma otro camino distinto.
Al obligarte a elegir un sistema de diseño
estructurado, como el de Apple o Stripe, desde
el minuto uno está asumiendo otra cosa.
Asume que tu objetivo no es sólo pintar
un cuadro bonito, sino construir un software funcional
y matemáticamente ordenado.
Es la distinción clásica entre diseñar para inspirarse
y diseñar para entrar directamente en producción de
código.
Ambas son válidas, pero OpenDesign se enfoca en
que el resultado final se pueda utilizar de
inmediato en un entorno de desarrollo real.
Y aquí es donde asesta el verdadero golpe
maestro frente al propio Cloud Design.
Donde realmente destruye el concepto del jardín vallado,
¿no?
Exactamente.
Y hablamos, como no, de la capacidad de
exportación.
Hemos comentado antes que, con Cloud, los proyectos
están secuestrados en su plataforma.
Pues OpenDesign destroza esas cadenas por completo.
¿No te da un triste archivo de texto
con código y ya está?
¡Qué va!
Permite empaquetar el trabajo final en seis formatos
verdaderamente útiles.
Ofrece un documento HTML independiente, listo para incrustar.
Exportación a archivos PDF, formato Markdown.
Un archivo comprimido zip con todos los componentes
ordenados, que eso salva la vida.
Y agárrense.
Hasta crea un vídeo en formato MP4 mostrando
cómo interactúan las animaciones.
O una presentación completa en PPTX de PowerPoint.
Es una pasada, de verdad.
Y por si fuera poco, con un solo
click se integra con servicios de alojamiento como
Vercel o Cloudflare Pages.
O sea que, en cuestión de segundos, la
web pasa de estar escondida en tu ordenador
local, a estar publicada y operativa en Internet
para todo el mundo.
Este nivel de libertad plantea una dinámica de
mercado muy agresiva, pero extremadamente sana para los
consumidores.
Porque aprieta a los grandes.
Totalmente.
La presión que ejerce un software libre de
este calibre actúa como un mecanismo antimonopolio natural.
Claro, si existen alternativas gratuitas, respetuosas con la
privacidad y con capacidades de exportación tan robustas,
los gigantes como Anthropic y OpenAI están obligados
a reaccionar.
No pueden dormirse en los laureles, eso seguro.
Para justificar tarifas mensuales elevadas y retener a
sus usuarios, van a tener que innovar mucho
más rápido.
Abrir sus plataformas, mejorar sus propias exportaciones.
O, irremediablemente, entrar en una guerra de precios
bajando las suscripciones.
Es la magia de la comunidad abierta, corrigiendo
las desviaciones del mercado.
Hemos visto cómo, en menos de dos semanas,
un pequeño equipo ha logrado encapsular la inteligencia
visual de las empresas más valiosas del mundo
y ofrecerla en bandeja de plata.
Ha sido un golpe sobre la mesa histórico.
Y esto nos lleva a una reflexión profunda
para ir cerrando.
Fijaos en esta idea.
Si una herramienta ligera de código abierto es
capaz de convertir un modelo de inteligencia artificial
básico y local en un diseñador de élite,
gracias a estos sistemas y habilidades inyectadas, ¿dónde
residirá el verdadero valor en los próximos años?
¿Estará en esos gigantescos modelos de lenguaje que
cuestan miles de millones de dólares entrenar en
macroservidores?
¿O el poder real estará en estas capas
intermedias, ágiles y creativas, construidas por la comunidad,
que envuelven, dirigen y perfeccionan el comportamiento de
cualquier máquina?
Es un debate fascinante para seguir dándole vueltas.
Me dejas pensando.
Antes de despedirnos, hasta el próximo programa, os
informamos de que las voces que oyes han
sido generadas por la IA de Notebook LM,
y que dirigiendo el podcast se encuentra Julio
Pablo Vázquez, un humano que te envía saludos.
En caso de error, probablemente sean errores humanos.
Nos escuchamos.
Y hasta aquí el episodio de hoy.
Muchas gracias por tu atención.
Esto es BIMPRAXIS.
Nos escuchamos en el próximo episodio.