Buenas, esto es BIMPRAXIS, el podcast donde el
BIM se encuentra con la inteligencia artificial.
Exploramos la ciencia, la tecnología y el futuro
desde el enfoque de la arquitectura, ingeniería y
construcción.
¡Empezamos!
Muy buenas, bienvenidas, bienvenidos a un nuevo episodio
de BIMPRAXIS.
Hoy os traemos BIMPRAXIS, la era de los
agentes autónomos y la mega inversión de Google.
Y menudo tema tenemos hoy sobre la mesa,
la verdad.
Ya te digo.
A ver, para ponernos en situación, imagina una
sala de juntas de altísimo nivel, dos directores
ejecutivos se sientan a negociar el futuro de
sus empresas, se dan la mano y cierran
un acuerdo multimillonario.
La típica escena que todos tenemos en la
cabeza.
Exacto.
Pero el detalle clave aquí es que la
verdadera negociación, o sea, todo el análisis de
riesgos, las concesiones estratégicas y los puntos ciegos
de la otra parte, ya se han calculado
y resuelto horas antes.
¿Por quién?
Pues por sus respectivos agentes de inteligencia artificial.
Jugando una especie de intrincada partida de ajedrez
digital en la sombra, claro.
Eso es, ni más ni menos.
Y bueno, esto que suena a pura ciencia
ficción es precisamente la infraestructura que se está
construyendo a día de hoy.
Y a una velocidad de vértigo, además.
Totalmente.
Y nuestra misión en la exploración de hoy
es comprender este enorme cambio de paradigma.
La transición de la IA como un simple
asistente pasivo a una verdadera plantilla de agentes
autónomos que ejecutan tareas complejas.
Para mapear todo este territorio vamos a basarnos
en dos documentos fundamentales.
Una presentación técnica muy reciente de Google Cloud
y, por otro lado, una entrevista súper reveladora
de la revista Time al CEO de Google,
Sundar Pichai.
Vale.
Vamos a desgranar esto porque hay que empezar
poniendo las cartas sobre la mesa.
Y es que las cifras de las que
hablan estas fuentes desafían cualquier lógica empresarial tradicional.
Las cifras son, sin duda, el indicador más
claro de que el panorama tecnológico ha cruzado
el punto de no retorno.
Fíjate que en la entrevista Sundar Pichai menciona
un detalle personal que da muchísimo contexto.
Acaba de celebrar su vigésimo segundo aniversario en
la compañía.
Madre mía, 22 años, o sea que ha
estado en primera fila en todas las grandes
transiciones.
Exacto.
Ha visto el paso de la web de
escritorio al ecosistema móvil y de ahí a
la nube.
Pero los números asociados a esta transición hacia
la IA generativa y autónoma hacen palidecer a
todas las anteriores.
¿No hablamos de subir un poco el presupuesto?
¡Qué va!
Estamos hablando de una auténtica avalancha de capital.
A ver, si miramos los datos de la
presentación, en el año 2022, la inversión en
gastos de capital de Google, el famoso CAPEX,
fue de 31.000 millones de dólares?
Que ya de por sí era una cifra
astronómica para cualquier corporación.
Claro, claro.
Pero es que la proyección para este año
planean invertir entre 175.000 y 185.000 millones.
Casi seis veces más en solo cuatro años.
Es una locura.
Ante esto, la reacción natural es el escepticismo.
Yo me pregunto, ¿no existe un riesgo masivo
de estar inflando una burbuja especulativa?
O sea, inyectar todo ese dinero en centros
de datos antes de que el mercado de
consumo haya integrado esto del todo parece una
apuesta, digamos, imprudente.
Esa es la lectura habitual si lo analizas
como un producto de software tradicional.
Pero el hardware subyacente nos cuenta otra historia.
Si conectamos esto con el panorama general, esta
inyección monumental de dinero demuestra que la industria
ya no está en fase experimental.
Ya han salido del laboratorio, vaya.
Tal cual.
Han entrado de lleno en la fase de
despliegue masivo.
De hecho, hay un dato clave en la
presentación que responde a esa duda sobre la
burbuja.
Para 2026 se espera que algo más de
la mitad de su computación de Machine Learning
se destine directamente al negocio de la nube.
Ah, vale.
O sea que Google no está construyendo esta
infraestructura milmillonaria solo para potenciar su buscador o
sus aplicaciones internas.
Exacto.
Están construyendo la red eléctrica del siglo XXI
para alquilarla al resto del tejido empresarial global.
Básicamente están pavimentando la autopista de peaje por
la que tendrá que circular cualquier empresa en
el futuro.
Pero según indican las fuentes, antes de abrir
las barreras, Google aplica una política inquebrantable.
Actuar como el cliente cero de sus propias
tecnologías.
Un enfoque fundamental cuando trabajas a esta escala.
Y fascinante además, es como, a ver, es
el equivalente corporativo a un chef de un
restaurante de alta cocina, que se obliga a
comer su propio menú de degustación todos los
días, plato por plato.
Para detectar el mínimo fallo antes de servirlo.
Exacto.
Si una salsa está ácida o la textura
falla un poco, el chef lo sufre en
su propio paladar antes de que el plato
pise el comedor.
Quieren detectar hasta la más mínima latencia o
alucinación en sus propios servidores.
Es que el concepto de cliente cero va
mucho más allá de un simple control de
calidad.
Es un mecanismo de supervivencia puro y duro.
Al absorber el impacto inicial y obligar a
sus propios equipos a usar esto, identifican cuellos
de botella masivos.
Y claro, los resultados internos que están obteniendo
con esta fuerza laboral digital revelan un cambio
radical.
En programación, por ejemplo, el informe señala que
casi el 75% del código nuevo en Google
es generado por IA y aprobado por ingenieros.
Una cifra que asusta un poco si piensas
que en otoño del año pasado era solo
del 50%.
Es un salto brutal.
Y claro, viendo esto, te lanzo la pregunta.
¿Esto significa que los humanos están siendo reemplazados
o simplemente se están convirtiendo en supervisores de
una plantilla digital?
Es una duda muy lógica.
Pero la clave aquí es la optimización del
tiempo humano y la reducción del ruido.
Han pasado a flujos de trabajo agénticos, que
no es lo mismo que un asistente normal.
Ya no es el típico autocompletado donde le
pides un código y te lo escupe sin
contexto.
Porque, a ver, generar código es fácil, pero
mantener un sistema antiguo es una pesadilla.
Exactamente.
Por eso no usan un solo modelo.
En una migración de código altamente compleja que
mencionan, usaron un enjambre de agentes especializados.
Concretamente, tres tipos.
Planificadores, orquestadores y programadores.
O sea, han replicado la jerarquía de un
equipo humano de gestión de proyectos, pero en
silicio.
Tal cual.
El planificador analiza la arquitectura y traza la
ruta.
El orquestador divide eso en microtareas.
¿Y los programadores generar el código?
Y lo más importante, ¿se auditan entre sí?
Ah, claro.
Para evitar romper todo el sistema.
Eso es.
Si el programador comete un error, el orquestador
lo detecta en las pruebas y le obliga
a reescribirlo.
Todo esto ocurre a velocidades de máquina.
El resultado es que completaron esta migración seis
veces más rápido que hace un año.
Seis veces más rápido.
Tela.
Vale, acepto que en un entorno matemático como
la programación esto funcione, pero el informe muestra
que también lo usan en el departamento de
marketing.
Y el marketing es un terreno 100% subjetivo.
Sí, pero el mecanismo de iteración masiva es
el mismo.
Es que detallan que usando Gemini junto con
Chrome, generaron miles de variaciones de activos creativos.
Y lograron un tiempo de respuesta a un
70% más rápido, aumentando las conversiones en un
20%.
¿Cómo se aplica un agente autónomo a la
creatividad?
Pues convirtiendo la creatividad en un ejercicio estadístico
a gran escala.
Un equipo humano igual te hace tres o
cuatro variaciones de una campaña.
Un agente autónomo te genera miles en minutos.
Mezclando imágenes, textos, formatos… Totalmente.
El agente lanza esas variaciones, analiza en tiempo
real cuáles generan más clics y descarta las
demás.
Ese bucle ultra rápido es lo que te
da ese 20% extra de conversión.
conversión.
Increíble.
Y por lo que veo, esta estadística masiva
también la aplican en ciberseguridad.
En su Centro de Operaciones de Seguridad, el
SOC, los agentes filtran decenas de miles de
informes de amenazas no estructurados al mes.
Que es vital, porque la fatiga de alertas
es el talón de Aquiles de cualquier equipo
de seguridad humano.
Hay muchísimo ruido y alertas falsas.
Claro, el sistema agéntico procesa todo ese ruido
y ha logrado reducir el tiempo de mitigación
de amenazas en más de un 90%.
Le quita al equipo de seguridad tareas que
tomarían miles de horas y les da el
informe ya digerido.
Exacto.
Pero claro, si consolidas todo esto, el panorama
es abrumador.
Ya te digo.
Agentes escribiendo código, haciendo campañas de marketing, vigilando
la seguridad.
Delegar tantas funciones críticas parece la receta perfecta
para el caos organizativo.
¿Cómo evitas que se descontrole todo?
Y ese es el núcleo de lo que
presentan para empresas.
La conversación ya ha pasado de si podemos
construir un agente a cómo gestionamos miles de
ellos.
Por eso anuncian la Gemini Enterprise Agent Platform.
Que vendría a ser como el tejido conectivo,
¿no?
Un centro de control de misiones, literalmente.
Sirve para construir, escalar y gobernar agentes con
confianza.
Establece límites, mantiene un registro auditable y asegura
que no se salten los protocolos corporativos.
Aquí es donde se pone realmente interesante.
Porque si la IA ya funciona como esta
plantilla auditable para gigantes tecnológicos, esto está empezando
a afectar al día a día de directivos
y de la gente de a pie.
La entrevista de Time nos da un ejemplo
perfecto con el propio Sundar Pichai.
Sí, sí.
Fíjate en esto.
Pichai cuenta que antes de reunirse con otros
directivos, Le pide a Gemini que le resuma
qué cosas concretas le pueden preocupar a ese
CEO en particular.
Dice que así logra una conexión más humana.
Es una paradoja brillante, la verdad.
Es irónico, ¿verdad?
Confiar en un modelo matemático para lograr empatía
humana.
Pero, claro, al descargar todo ese procesamiento de
datos en la máquina, el directivo se centra
solo en la inteligencia emocional.
Exacto.
Además, Pichai destaca que decisiones que antes tomaban
días ahora están a un comando de distancia.
Y este fenómeno social no se queda en
Silicon Valley.
¡Qué va!
Desde principios de este 2026, agentes de IA
como OpenCloud han ganado una adopción masiva.
La gente está delegando partes enteras de sus
vidas a las máquinas, desde agendas hasta correos.
O el caso de Enana Banana, ser enador
de imágenes que lanzaron el año pasado, logró
más de mil millones de imágenes creadas en
cuestión de días.
¡Mil millones!
Es una locura.
La barrera de entrada ha desaparecido por completo.
Y esto demuestra lo que hablábamos de la
era agéntica.
Hemos pasado del software pasivo a sistemas proactivos.
Pero a ver, a pesar de toda esta
eficiencia y magia técnica, la realidad fuera de
la burbuja es muy compleja.
Y ahí es donde la entrevista de Time
se pone seria.
Sí, hay una disonancia tremenda, porque la IA
tiene un índice de aprobación extremadamente bajo en
Estados Unidos ahora mismo.
La gente tiene una mezcla muy rara de
optimismo y ansiedad.
Es comprensible.
El impacto laboral y existencial asusta.
Entonces, qué significa todo esto?
A mí me da la sensación de que
estamos construyendo coches de Fórmula 1 cada vez
más y más rápidos, pero aún estamos debatiendo
cómo fabricar los cinturones de seguridad o cómo
pavimentar las carreteras.
O sea, la infraestructura y la regulación.
Es una gran analogía.
Y esto plantea una pregunta importante.
¿Cómo lidiamos con el choque entre este desarrollo
tan brutal y nuestras necesidades físicas y sociales?
Pichai responde a esto hablando de prioridades.
Sí, él intenta calmar un poco las aguas
frente a la idea del monopolio.
Señala que es un espacio superdinámico, que hay
empresas líderes hoy que no existían hace tres
años.
Y destaca el lanzamiento de modelos de código
abierto como Yema 4.
Pero más allá del código están los cuellos
de botella físicos.
A Google le preocupa muchísimo cubrir la demanda
energética de forma sostenible.
Necesitan una reforma urgente de los permisos eléctricos.
Claro.
Es que estos centros de datos consumen cantidades
absurdas de energía y agua.
A eso se le suma la ciberseguridad, la
amenaza de los deepfakes y el reto monumental
de invertir en educación para reciclar a la
fuerza laboral.
Y el punto clave es que Pichai reconoce
algo vital.
Dada la magnitud de esta tecnología, el gobierno
va a tener que involucrarse sí o sí.
O sea, admite que necesitan que los regulen.
Exacto.
Afirma que ninguna empresa puede desarrollar esto de
espaldas a la sociedad.
Se necesitan marcos y barreras de seguridad sin
precedentes, que ahora mismo no existen.
Y esto, bueno, nos lleva a una reflexión
final que quería plantear, volviendo un poco al
principio, al tema de las reuniones de directivos.
Ah, lo de usar Gemani para prepararse las
reuniones.
Exacto.
A ver, si líderes como Sundar Pichai utilizan
a la IA para anticipar qué le preocupa
a otro CEO antes de una reunión, y
sabemos que el otro CEO probablemente haga exactamente
lo mismo con su propia IA… Es lo
más seguro, sí.
Entonces, llegar a un punto en el que
las reuniones humanas sean simplemente el teatro donde
dos inteligencias artificiales juegan al ajedrez a través
de nosotros… Uf, es una perspectiva fascinante e
inquietante a partes iguales.
Para dejar pensando a nuestra audiencia hoy.
Totalmente.
Antes de despedirnos hasta el próximo programa, os
informamos de que las voces que oyes han
sido generadas por la IA de Notebook LM
y que dirigiendo el podcast se encuentra Julio
Pablo Vázquez, un humano que te envía saludos.
En caso de error, probablemente sean errores humanos,
nos escuchamos.
Y hasta aquí el episodio de hoy Muchas
gracias por tu atención Esto es BIMPRAXIS Nos
escuchamos en el próximo episodio ¡Suscríbete al canal!